Crianza con propósito: el desafío de guiar

Propósito. Guiar. Crianza. Son palabras que pueden, y deberían, caminar juntas.

Cuando nos convertimos en padres, todo cambia. No solo la manera en la que percibimos el tiempo, o cómo se escurre entre nuestras manos. Las prioridades se modifican y también pasamos a ser la influencia principal de nuestros hijos.

Es importante aprender a diferenciar lo importante de lo urgente. 

Criar con propósito significa que, como familia, tendremos objetivos y metas que anhelamos cumplir. Si en nuestro hogar le daremos importancia a la música y los libros, si las actividades deportivas serán fundamentales o no, incluso es fundamental seleccionar qué tipo de alimentación seguiremos. 

Las decisiones son claves para el cumplimiento de tu propósito.

A medida que tomamos decisiones, ellas nos acercan o nos alejan de aquellas metas que deseamos alcanzar. Con la crianza sucede lo mismo. Cuando no tenemos en claro el propósito hacia el cuál guiamos a nuestros hijos, se pueden tomar decisiones a la ligera. Y eso definitivamente nos alejará de aquellos objetivos que anhelamos lograr como familia.

Define el propósito hacia el cual se dirigen como familia.

Guiar a las nuevas generaciones demanda esfuerzo, sabiduría y mucha oración. Si no sabes hacia dónde se dirigen con tu familia, dedica un tiempo a definir las prioridades, metas y objetivos que anhelan lograr. Los hijos también forman parte de la puesta en común. Somos ejemplo, influencia y guía para ellos.

La Biblia dice:  “Instruye al niño en su camino y aún cuando fuere viejo no se apartará de él” Proverbios 22:6

Propósito, guía y crianza van de la mano. Abre tu mente para recibir la guía de Dios, abre tu corazón para guardar los tesoros que Él tiene preparados para tu familia y pongan por obra todo lo aprendido. ¡Él es el capitán de este barco!

Crianza con gozo: el arte de disfrutar el proceso

Hay decisiones que nos cambian la vida, para siempre. 

Una de ellas es trascendental: tener o no tener descendencia. Si decidimos y nos sentimos listos para tener hijos, la tarea no termina ahí… solo es el puntapié inicial de una aventura que dura toda la vida.

Otra decisión clave es si vamos a criar con gozo o si solo vamos a cumplir nuestro rol.

Hay una diferencia abismal entre ambas opciones. Cumplir el rol es simplemente proveer para sus necesidades físicas, psíquicas, emocionales y espirituales. Sin embargo, la ecuación cambia cuando a ese rol le sumamos el gozo de hacerlo. Los niños lo notan, y en el fondo, nosotros también.

Por definición la palabra –gozo– hace referencia a la alegría del ánimo, a pesar de las circunstancias que nos toque atravesar. 

No significa que andaremos con una sonrisa de oreja a oreja las veinticuatro horas del día, pero sí implica la decisión de conservar el buen ánimo más allá de todo. Por eso, la crianza con gozo es un escalón más en el arte de ser padres, que involucra al menos tres acuerdos en la pareja matrimonial:

  • La crianza no es dar únicamente el 50 % y el 50 % de cada uno. Involucra el 100 % de cada progenitor.
  • La crianza bíblica es un tiempo invertido que abarca: tiempo de oración, devocionales, adoración y servicio.
  • La crianza perfecta no existe. Es importante buscar la excelencia pero acompañarla con flexibilidad, amor y perdón.

No hay recetas mágicas cuando se trata de criar a otro ser humano. 

Como nuestros padres hicieron lo mejor que pudieron, con las herramientas con las que contaban; así nosotros debemos descansar en que estamos sembrando semillas en la vida de nuestros hijos, que tarde o temprano, darán fruto para la gloria de Dios. 

En Proverbios 22:6 leemos: “Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.” 

Como padres, cumplimos nuestra tarea de siembra, añadiendo el gozo diario, pero el crecimiento lo brinda Dios. ¡Aprendamos a confiar en el proceso!

¿Y tú, en qué etapa del proceso de crianza estás? ¿Encuentras gozo en medio de los desafíos diarios o sientes que éste ha desaparecido en tu vida familiar? ¡Me encantará leerte y aprender de tí!