Volver al centro: un llamado a ordenar el corazón

El año comenzó con prisa. Inquieto, incierto, a toda marcha. O quizás lento y en calma. Nuestros corazones siguieron el ritmo impuesto. Apresurados o en paz. Temerosos o con confianza. 

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce los pensamientos que me inquietan. Señálame cualquier cosa en mí que te ofenda y guíame por el camino de la vida eterna.” Salmos 139:23-24

Esa es mi oración. 

Que Dios pueda examinar mis intenciones y a la vez, encaminarme en el sendero correcto, en su plan, su propósito para mi vida. No quiero correr con prisa este año. Quiero su paz, esa que sobrepasa todo entendimiento. Quiero su calma, esa que es efectiva en medio de la tempestad. Quiero su presencia. Día a día. Minuto a minuto. Para sentir su abrazo y compañía.

No estoy sola. Tampoco tú lo estás. No hay nada que podamos hacer para huir de la presencia de Dios.

Tenemos en Jesús un amigo que nos ama, y protege. De nuestros pensamientos, sentimientos y dudas. Un amigo fiel, que permanece aun cuando todos los demás se han ido. En soledad, o rodeada de muchos espectadores, Jesus permanece ahí, y es esa presencia la única que necesitamos sentir cuando todo va bien y aún más cuando todo se desmorona alrededor. 

Es difícil soltar las expectativas que se tienen del entorno, de las relaciones, e incluso de la familia. A veces nada es lo que parece y eso nos confunde.

Aturdidas, inquietas, con ansiedad. Nuestras almas parecen no resistir la tentación a abandonar. Pero nuevamente Él nos rescata, nos sostiene y nos alienta a continuar el viaje de la vida, unidas a Él para nunca más volver atrás.

No sé en qué estado te encuentras hoy. A veces incluso tengo dudas en cuánto a mi situación. Pero hay una certeza que inunda mi corazón y deseo que también abrace el tuyo: Dios jamás nos abandonará. Es un motivo suficiente para agradecer, estar en paz y continuar.

Que la palabra de hoy no se quede solo aquí, sino que te acompañe en tu día a día y sea una realidad en tu vida.

Crianza con propósito: el desafío de guiar

Propósito. Guiar. Crianza. Son palabras que pueden, y deberían, caminar juntas.

Cuando nos convertimos en padres, todo cambia. No solo la manera en la que percibimos el tiempo, o cómo se escurre entre nuestras manos. Las prioridades se modifican y también pasamos a ser la influencia principal de nuestros hijos.

Es importante aprender a diferenciar lo importante de lo urgente. 

Criar con propósito significa que, como familia, tendremos objetivos y metas que anhelamos cumplir. Si en nuestro hogar le daremos importancia a la música y los libros, si las actividades deportivas serán fundamentales o no, incluso es fundamental seleccionar qué tipo de alimentación seguiremos. 

Las decisiones son claves para el cumplimiento de tu propósito.

A medida que tomamos decisiones, ellas nos acercan o nos alejan de aquellas metas que deseamos alcanzar. Con la crianza sucede lo mismo. Cuando no tenemos en claro el propósito hacia el cuál guiamos a nuestros hijos, se pueden tomar decisiones a la ligera. Y eso definitivamente nos alejará de aquellos objetivos que anhelamos lograr como familia.

Define el propósito hacia el cual se dirigen como familia.

Guiar a las nuevas generaciones demanda esfuerzo, sabiduría y mucha oración. Si no sabes hacia dónde se dirigen con tu familia, dedica un tiempo a definir las prioridades, metas y objetivos que anhelan lograr. Los hijos también forman parte de la puesta en común. Somos ejemplo, influencia y guía para ellos.

La Biblia dice:  “Instruye al niño en su camino y aún cuando fuere viejo no se apartará de él” Proverbios 22:6

Propósito, guía y crianza van de la mano. Abre tu mente para recibir la guía de Dios, abre tu corazón para guardar los tesoros que Él tiene preparados para tu familia y pongan por obra todo lo aprendido. ¡Él es el capitán de este barco!